A diferencia del resto de compañeros la vocación por el fútbol sala a Unai le llegó más tarde que pronto, a los 13 años que fue cuando dio el salto de fútbol campo a sala, en categoría infantil. Eso sí, la rapidez con la que afrontó el ascenso en su carrera profesional tampoco es lo habitual. Sino lean y verán.

El Tafatrans, un club de Tafalla, su pueblo natal, fue quien vio en el jóven jugador de 20 años sus cualidades como futbolista y en cadetes lo subieron al primer equipo que militaba en Tercer División. “Fue un año muy bonito”, nos asegura Unai, “conseguimos ganar la liga y ascender a 2ª B en donde estuve dos años jugando en esta categoría”. Y fue entonces cuando volvería a dar un salto, para muchos quizá vertiginoso con la llamada del “Ribera Navarra para jugar en Primera División”.

Corta pero intensa la vida profesional del futbolista quien “nunca había pensado en que podía llegar a dedicarme a esto”. Pero la vida, siempre sabia, le fue labrando el camino y en su primer año en Segunda B jugó también las Fase de Selecciones pasando a la fase final con la suya y fue entonces cuando “llegaron ofertas como Puertollano, en donde estuve probando un tiempo, y el Ribera Navarra siendo entonces cuando Unai considera que “me di cuenta que igual sí podía seguir creciendo como futbolista”.

Y llegado a este punto de nuevo nos planteamos la cuestión de si un jugador nace o se hace a lo que Unai responde “yo creo que un jugador nace pero también se hace. En mi caso yo siempre he estado con un balón y a base de jugar al final con entrenamientos me acabé haciendo”. Eso sí, todavía considera que está en proceso de maduración a nivel profesional pues admite que “me queda muchísimo por aprender”.

A pesar de haber cumplido muchos sueños que otros con más trayectoria todavía aspiran a alcanzar, Unai afirma que todavía “me quedan muchos sueños por cumplir” y por eso a lo que ambiciona es a “jugar durante muchos años en alta competición Primera o Segunda, me es indiferente, pero seguir ligado al fútbol sala”.

En su corta carreta ya son muchos los momentos que Unai recordará siempre “el debut en Primera División, la clasificación a la fase final del Campeonato de España de Selecciones y conseguir la salvación para el equipo en mi primer año en Segunda B”. Lo que sí no quiere retener en su memoria los malos momentos “que los hay, pero siempre intento quedarme con lo bueno”.

Quizá la rapidez con la que le sucedieron las cosas no se haya planteado a qué dedicarse de no haber sido futbolista pero lo que sí tiene claro es que “me gustaría trabajar con algo relacionado con los niños” aunque Unai siempre lo tuvo claro “siempre ha estado en mi cabeza ser futbolista y al final, en cierta manera, lo he conseguido”. Así pues parece ser que tenemos un nuevo futuro entrenador para equipos base, y es que aunque todavía es demasiado joven tan siquiera para plantearse colgar las botas si une niños con fútbol, la respuesta está clara.

Unai se considera una persona “alegre, impulsiva, generosa, nerviosa e inquieta” pero cambia al saltar a pista que “es donde saco mi mal carácter”. Y ese nerviosismo del que nos habla es el causante de que le cuesta más gestionar la presión que suponen ciertos partidos, debido a la situación del equipo, pero el jugador cree que “gracias a mis compañeros estoy mejorando mucho al respecto”.

Aunque no se considera una persona supersticiosa sí maniática “siempre juego con los mismos calzoncillos y arrastro tres veces cada pie antes de saltar a pista” y rutinario el día de partido “me gusta salir a dar un paseo por el pueblo para despejarme, comer siempre lo mismo, pasta, y tomar un café antes del partido” y todo ello junto a su compañero Javaloy.

Unai es la primera vez que sale de casa “no lo llevo mal porque sé que al acabar la temporada estaré de nuevo con la familia y amigos”, es más el jugador piensa “que lo llevan peor ellos”.  La hora de la comida junto al resto del equipo y el compartir el posterior café es el “mejor momento del día” para Unai pues aprovechan para compartir confidencias y conocerse todos un poco más.

Y todos también “luchamos por conseguir el objetivo de la permanencia” en el que Unai “nunca he dejado de creer, porque el trabajo que hacemos semanalmente nos avala”. Y como parte del equipo considera que “al final la victoria es lo más reconfortante para un jugador pues que importa que hayas hecho un gran partido si al final no puntuas”. Incluso más que marcar y cuando lo hace “no lo suelo dedicar a nadie en especial”.

Unai asegura estar “encantado aquí en Noia” por lo que “no me importaría quedarme una temporada más si el equipo se mantiene, pero no depende de mí porque me queda un año más de contrato en Tudela entonces la idea sería volver pero todavía no lo sé”.