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Sopa de Ganso

Por@GuadalquivRadio

Sep 30, 2019

La clase política española lleva años empeñada en practicar el marxismo, pero no el de Karl, sino el de Groucho.

Sopa de Ganso, película de los hermanos Marx que da título a este artículo, nos presenta una sátira política en 1933 que perfectamente podría encajar con nuestro panorama actual, salvando las diferencias entre Freedonia y España. Duck Soup —  título original del film— viene a traducirse como pan comido, que es lo que deben pensar la mayoría de nuestros políticos cuando deciden adentrarse en esta “profesión”, olvidando la enorme responsabilidad que conlleva su cargo. Desgraciadamente, parecen tirar más los sueldos, horarios y dietas que los problemas y necesidades del “populacho”.

Groucho Marx, carismático líder del grupo cómico Los Hermanos Marx, además de un sinfín de películas para la historia y una imagen icónica —gafas, bigote y puro—, nos dejó grandes frases lapidarias y absolutamente certeras y afinadas. Dos de ellas son las que han inspirado este artículo.

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos en cualquier parte, diagnosticarlos incorrectamente y aplicar los remedios equivocados”. Ha pasado casi un siglo y estas dos líneas continúan siendo la mejor definición de un sustantivo desvirtuado a lo largo de la historia, hasta tal punto de resultar estridente a los oídos. Poco más se puede añadir después de tan contundente y acertada afirmación. Escuchando la gran mayoría de discursos de nuestros representantes, el espacio reservado a tratar (y mucho menos en profundidad) los aspectos que realmente conviven con los ciudadanos y los temas que predominan en su día a día, esos que preocupan y desquician, es mínimo o inexistente. Se diluyen entre discursos preparados y fríos carentes de implicación, entre hojas de ruta impuestas que socavan el pensamiento crítico e individual de los actores y actrices que los interpretan.

Pobreza, hambre, vivienda, sanidad, educación, inmigración, empleo, violencia de género o terrorismo son, junto a muchos otros, problemas con nombres y apellidos, los de las personas que los padecen. Y no merecen ser tratados desde la distancia y el desconocimiento, y mucho menos ser banalizados y utilizados como armas políticas en sus discursos.

En su detrimento, se ponen encima del tablero otros aspectos que, pensándolo fría y detenidamente, no tienen una incidencia tan crucial y palpable en nuestras vidas. Son problemas mayoritariamente creados o puestos en la partida de forma minuciosamente estudiada, buscando debilitar al rival y fortalecer y proteger la propia imagen, como en una partida de ajedrez. Son temas que buscan apelar a nuestros sentimientos más primarios, esos que nos enervan y exaltan con facilidad, pero que no llenan nuestro frigorífico ni nos calientan la casa. Hablo del patriotismo, de la unidad de España o de calificar a los que piensan diferente o son diferentes como “el enemigo”. De revivir viejos fantasmas —pese a que algunos están bien revividos, o exhumados—, de sacar a la palestra temas que ya estaban bastante superados o que no preocupaban a la sociedad.

La segunda frase de Groucho que me llevó a escribir este artículo es la conocida: “Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”. Se trata de nuestro día a día al encender la televisión o la radio, al meterse en internet o al pasar las páginas del periódico en el caso de los más nostálgicos. Donde dije digo, digo Diego. Casi todos nuestros políticos viven en el mismo barco, uno que no para de dar bandazos y no deja de virar hacia babor o estribor según le pegue el viento. Bajo mi punto de vista, hay tres de ellos empeñados en hacerse con el sombrero de capitán de dicho barco, al que podríamos bautizar como El Bribón II.

El primero de los candidatos es…ta ta tachán…¡Albert Rivera! Con una candidatura sólida y cargada de experiencia, se postula a capitán de la incoherencia con una ingente cantidad de bandazos a sus espaldas. Desde su puesta de largo en sociedad, donde se presentaba como un partido social demócrata y transversal, hasta la actualidad, donde se define como un partido liberal progresista y disputa el voto de la derecha con el PP y VOX, ha pasado por el centro izquierda y todas las direcciones imaginables. El mismo Ciudadanos que enarbolaba la bandera de la regeneración política y se erigía como azote de la corrupción, acabó invistiendo a Mariano Rajoy y a su emponzoñado Partido Popular como Presidente del Gobierno, y no dudó en pactar con populares y socialistas a nivel local y autonómico para comenzar a palpar poder. Su ultima ocurrencia, “facilitar“ la posible investidura de Sánchez a última hora y después de haber rechazado incluso reunirse con él a lo largo de la ronda de contactos, a cambio de que los socialistas aceptaran una serie de imposiciones naranjas, ha resultado ser una broma de mal gusto que hace muy difícil ignorar su candidatura a capitán del Bribón II, aunque sus rivales no lo van a poner fácil.

El segundo candidato, y no por ello menos preparado es… ¡Pedro Sánchez! El líder, por méritos propios —eso no voy a discutírselo—, del Partido Socialista. Su último y más reciente viraje hace que su candidatura irrumpa con fuerza dentro del barco. Para Pedro, Unidas Podemos ha pasado, en pocas horas, de ser su socio preferente a un partido de extrema izquierda. En las pasadas elecciones se presentó ante los votantes de izquierda como la solución a la temible irrupción de VOX, pero tras sus buenos resultados no ha visto con malos ojos ni perdido la esperanza de pactar con Ciudadanos si las cosas venían bien dadas. Sus interminables viajes entre la izquierda y el centro hacen de Pedro  todo un peregrino con una mochila cargada de giros en su discurso.

Por último, pero con una cimentado bagaje en lo que a cambios de parecer respecta, aparece en escena…¡Pablo Casado! Su elección como líder del Partido Popular llegó de la mano de un discurso  que nada tenía que envidiar al de VOX, y de personajes que lo defendían y ejemplificaban a la perfección, como Cayetana Álvarez de Toledo. Pero tras su batacazo en las generales, de cara a las autonómicas y municipales su discurso dio un bandazo hacia el centro, hasta el punto de cambiar su slogan de campaña por un Centrados en su futuro. A partir de aquí, Santi pasó a ser Santiago, y el discurso de Pablo, mucho menos incendiario. Sin embargo, una vez transcurridos los comicios electorales, no ha existido ningún problema en pactar con los que llegó a catalogar de extrema derecha.

Lo único que podemos tener claro, es que el Bribón II quedará en buenas manos.

Pongamos una pequeña nota de humor a todo esto, por qué de lo contrario se nos hará insoportable.

Javier Antolín Fernández.

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